
Hoy he decidido hacer recuento de mi vida sexual, exclusivamente de mi vida sexual, esto es, de las pajas. Porque un polvo como Dios manda, al implicar a otra persona, ya no es exclusivamente vida sexual de uno mismo sino de la otra persona también.
Creo recordar que me la machaco desde bien pequeño. Era de estos niños que se tocaban en cualquier momento y lugar y de los que dejaban en evidencia a los padres por este hecho. También soy bastante profuso en esto de oscilar el pellejo genital. Pongamos como media dos al día, aunque sospecho que sería un poco más.
A fin de cuentas y haciendo las multiplicaciones pertinentes, son 10.220 pajas las que llevo a mi favor en esta vida. Si viviera hasta la media de edad de fallecimiento de los varones españoles, y siguiera este ritmo de cascamiento, moriría con más de 40.000 pajas en mi haber y sospecho que con la polla en carne viva. Visto el panorama, moriría feliz.

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