jueves 25 de septiembre de 2008

Televisión sin gracia ni concierto

No es cierto que la televisión sea el reflejo de la sociedad, no puede ser cierto. No puede haber la misma concentración de cabrones en las televisiones que en la sociedad, sino, ya habría estallado otra Guerra Civil, y no sólo de dos bandos; prensarosistas contra antiprensarosistas, y dentro de los primeros, pantojistas contra antipantojistas. Y sigue así hasta niveles increíblemente estúpidos.
Las televisiones, más concretamente las personas que trabajan dentro (directivos, guionistas y presentadores) parecen que efectivamente trabajan dentro de la tele, en una caja cerrada y muy tonta. El problema no sería tal si no fuera porque una de las paredes de es de cristal y se les ve, se les oye, y a veces se les huele. Un repugnante y embriagador hedor a mierda disimulado sin éxito con agua de colonia.

Me encuentro la otra noche viendo Caiga quien Caiga, viejo conocido de la televisión, otrora presentado por el Gran Wyoming, un programa con gracia, ingenio e ironía. Todo lo contrario de lo que es ahora. Soso, simple, cuyo chiste más ingenioso es decir lo poco que trabaja el Rey y lo mucho que cobra. O entrando al trapo cuando pseudoperiodistas de la televisión conservadora Intereconomía les tocan un huevo sin mucho tacto.

Sinceramente me suda la polla que la línea editorial de la Sexta sea cercana al PSOE. Mejor eso que otra cosa. Lo que me jode es que un formato tan bueno lo jodan quitándole la gracia y sustituyéndolo por supuesta crítica social, algo tan subjetivo como mi sentido del humor. Si no me río como hace años, que me partía el culo con Pablo Carbonell, Juanjo de la Iglesia, Tonino, Wyoming y compañía, no lo veo.

En fin, siempre nos quedará El Intermedio.















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