Hoy quiero hacer un manifiesto masculino, quiero dar un toque de atención a esos seres provistos de polla que moverían cielo y tierra por un coño. No señores no.
Odio a las mujeres que usan su atractivo para conseguir otros fines que no sea el follar. Odio a las mujeres que se pavonean por los bares, intentando llamar la atención con el único fin de subirse el ego. Odio a los hombres que consciente o inconscientemente les siguen el juego, creyendo, pobres ilusos, que conseguirán follársela. No hijos mío no. El único fin es teneros a sus pies, manejaros cual títeres porque saben que mataríais por sus tetas. Imbéciles. Desde el principio de los tiempos la mujer maneja al hombre mediante un efectivo chantaje sexual. Ocurría hace cinco mil años en Mesopotamia y ocurre hoy en cualquier parte. Esas mujeres saben que su cuerpo es la perdición del hombre y que el hombre cachondo se vuelve estúpido, ergo la ecuación es simple.
Pues a mí no me sale de los cojones que nadie, tenga lo que tenga entre las piernas, me utilice o juegue conmigo. Yo no soy suyo, soy mío, y no voy a darle el gusto de mi admiración a cambio de nada. Se lo tiene que ganar, y para mí, enseñar carne en esas circunstancias no tiene ningún valor.

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