Hace poco más de una semama llegué a casa de mis padres cual hijo pródigo a pasar las vacaciones. Nada de comidas familiares o reuniones alrededor de la mesa camilla. Simplemente llego, saludo y busco a los viejos amigos para recordar tiempos pasados. Casi todo es bueno, excepto algo que me cabrea sobremanera: la falta de intimidad.
Durante el resto del año vivo solo, o casi. Hago lo que quiero y cuando quiero, ando en pelotas por mi casa y lo dejo todo hecho un asco, y sobre todo, me la casco cuando me apetece, pero amigos, ahora lo estoy pasando mal. En estas casi dos semanas sólo me he podido hacer tres míseras pajas y ninguna frente al ordenador con mi querido porno asqueroso. Siempre hay alguien rondando por el pasillo, entrando al salón donde está el ordenador a decir "hola que tal", haciendo ruidos por la casa que me impide estar alerta por si alguien se acerca a la puerta... Ayer a mediodía decidí tumbarme en mi cama y cascarme una pajilla usando mi maltrecha imaginación aprovechando la sagrada hora de la siesta. Ni llegué a oscilarme el prepucio cinco veces cuando vi girar el pomo de la puerta y entró una persona para preguntar donde había puesto una bolsa con no se qué hostias dentro. La buena costumbre de tocar a la puerta por educación no rige en el ámbito de la familia. Todo es de todos, incluso tus pajas
